Tras haber abandonado el dictador Fulgencio Batista el 1 de enero la isla de Cuba, en el día de hoy Fidel Castro entra triunfante en La Habana con su ejército de “barbudos”.

Castro, Camilo Cienfuegos, Eloy Gutiérrez Menoyo y Ernesto Che Guevara iban al frente. El alborozo inicial por el triunfo de la Revolución devino en poco tiempo en una represión sin tregua. Hasta que sólo quedaron los dos hermanos

Fidel fue recibido con repique de campanas, las 21 salvas de salutación, las sirenas de los barcos, y una multitud ansiosa. Todo estaba medido. Pasó primero por el yate «Granma» para señalar a quiénes se les debía el éxito de la revolución. Cambió por sorpresa su itinerario y anduvo unos cientos de metros hasta el Palacio Presidencial, donde le recibió Manuel Urrutia, presidente provisional de la República.

Grupo de revolucionarios a caballo en 1959, tras el triunfo de la revolución.

Arengó entonces a las masas desde el balcón: era la victoria del pueblo para restaurar sus derechos, dijo, y, para tranquilizar a todos dijo que no se confiscarían los bienes ni se acabaría con la educación religiosa. No obstante, señaló, la política quedaba en manos del presidente Urrutia.

Entre los vencedores había dos tendencias importantes: la demócrata reformista, que no tenía necesariamente que romper con Estados Unidos, y la marxista y prosoviética. La última estaba liderada por Raúl Castro, el Che Guevara, Cienfuegos y Ramiro Valdés. Fidel Castro no era comunista. Había militado en un partido socialdemócrata, y se había unido a los que querían restablecer la Constitución democrática de 1940. Se decía que era admirador de Roosevelt.

La revista Bohemia, entonces la de mayor tirada en Cuba, publicó el 11 de enero un artículo titulado “Contra el comunismo” en el que exaltaba la posición de Castro contra los comunistas, ya que había dicho que rechazaba las dictaduras soviéticas, y había censurado la represión húngara de 1956. Estados Unidos creyó que se establecería en Cuba un régimen democrático y nacionalista, y reconoció pronto la nueva situación en la isla. Castro viajó al ‘Imperio’ entre el 15 y el 26 de abril de 1959, donde declaró “de forma clara y definitiva que no somos comunistas”. Pero a Castro sólo le interesaba hacerse con el poder, y para ello debía eliminar a los competidores.

Raúl Castro junto al Che Guevara en la Sierra de San Cristóbal.

Según un memorando enviado por el secretario de Estado norteamericano, John F. Dulles, a Eisenhower, y recogido en el libro de Ignacio Uría, Iglesia y Revolución en Cuba:

“El Gobierno provisional parece libre de contaminación comunista, y hay indicios de que busca tener buenas relaciones con los Estados Unidos.”

Pero en los meses siguientes, el “Gobierno de los barbudos” comenzó las expropiaciones, la colectivización del campo, la depuración de la Administración y los juicios farsa, que concluían con fusilamientos.

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