En Nueva York, en una habitación del Hotel New Yorker, olvidado y abandonado por todos al haber tenido muchos enemigos, fallece a los 86 años de edad, Nikola Tesla, inventor, ingeniero mecánico, ingeniero electricista y físico norteamericano de origen serbio.

Fue el promotor más importante del nacimiento de la electricidad comercial. Muchos de sus descubrimientos se les atribuyeron a otros inventores como Edison o Marconi. Concibió la corriente alterna y la radio, también fue pionero en tecnologías visionarias para su época como la robótica, las energías alternativas para no agotar los combustibles fósiles o la resonancia.

Asimismo, inventó el control remoto, realizó estudios sobre los rayos X y sus aplicaciones en medicina, creó las primeras lámparas de bajo consumo, las luces fluorescentes, sentó los principios teóricos del radar, los aviones de despegue vertical, las armas teledirigidas o la transmisión inalámbrica de electricidad…

Nikola Tesla, con el libro de Ruđer Bošković “Theoria Philosophiae Naturalis”, frente a la espiral de la bobina de su transformador de alto voltaje en East Houston Street, Nueva York.

Posteriormente, cuando Guillermo Marconi reclamó por los derechos de uso de la radio en plena Segunda Guerra Mundial, la Suprema Corte de los Estados Unidos rechazó el reclamo, incluyendo en su decisión la restauración de ciertas patentes previas a la de Marconi, entre ellas algunas de Tesla.

Tesla tenía muchos obstáculos para extender su mensaje y lograr que sus ideas se materializaran: las zancadillas que le ponía Edison, por ejemplo; grandes empresas del sector energético; e, incluso, de la propia Administración. Su único aliado para darse a conocer fue la prensa, quien sí estaba interesada en las frases lapidarias que solía dejar Nikola en cada entrevista y cada declaración. Por ejemplo…

“El presente es vuestro, pero el futuro es mío. El desarrollo del hombre depende fundamentalmente de la invención. Es el producto más importante de su cerebro creativo. En el espacio hay energía y es cuestión de tiempo que el ser humano logre aprovecharla. El científico no busca resultados instantáneos ni espera que sus ideas avanzadas sean aceptadas fácilmente, su deber es sentar bases, señalar el camino a los que vendrán. Cualquier persona, en tierra o mar, podrá recibir noticias de cualquier lugar del mundo o mensajes particulares destinados solo a ella con un aparato sencillo y barato que cabe en el bolsillo.”

Mark Twain en el laboratorio de Nikola Tesla, (1894). El escritor era un gran amigo del científico.

En los últimos años de su vida, The Times entrevistó a Tesla, quien reveló que sólo esperaba vivir el tiempo suficiente para, al menos, colocar un aparato en una habitación que pudiese activarse con la energía de su alrededor. En su crepúsculo, Tesla murió sólo, abandonado. Tras fallecer, comenzó la campaña para borrar su nombre de la Historia y atribuir sus éxitos a otros, así como centrar su recuerdo en su carácter excéntrico.

Por ejemplo, Edison fue proclamado padre de la electricidad, y Marconi inventor de la radio. Pero ambos, sin Tesla, no hubiesen sido nada. Especialmente Marconi, quien utilizando diecisiete patentes de Nikola para su primera retransmisión en 1901, se atribuyó el mérito sin citar a Tesla. Este hurto fue subsanado por la Corte Internacional en 1943, como ya hemos mencionado, pero todavía hoy la cultura popular señala a Marconi como inventor de la radio.

Demostración de la transmisión inalámbrica de energía durante su presentación de 1891.

Pero, ¿por qué tanto interés en borrar a Tesla? Principalmente, estos fueron los dos grandes motivos:

  1. Tesla nunca quiso enviar ningún artículo a la comunidad académica, ganándose su enemistad, y con ella su oposición a cualquier nuevo invento que creara.

2. El sueño de Tesla era obtener energía gratuita para todo el mundo, y además enviada de forma inalámbrica. Esto chocaba frontalmente con las aspiraciones del poder económico y los monopolios energéticos, que veían peligrar su negocio.

Por si el escarnio popular no fue suficiente tras su muerte, el Gobierno estadounidense incautó a través del FBI todos sus documentos, incluyendo estudios e investigaciones propias. Su familia tardó años en recuperar dichos documentos, para lo cual tuvo que contar con la ayuda de la embajada de la antigua Yugoslavia, y desde entonces se encuentran expuestos en el Museo de Nikola Tesla, en Serbia.

Tesla, poco antes de fallecer en 1943.

Sin duda, todo un GENIO, con mayúsculas, que como muchos otros genios, solo obtuvieron el reconocimiento años después de pasar a mejor vida.

Monumento de Nikola Tesla en Nueva York.
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