Es ejecutado en Madrid el famoso bandolero Luis Candelas Cajigal que, a pesar de su carrera criminal, se jactó siempre de no haber cometido delitos de sangre. Robaba a los ricos para dárselo a sus secuaces.

Nacido en el madrileño barrio de Lavapiés, fue condenado a garrote vil y ejecutado tras pedir clemencia a María Cristina de Borbón y serle denegada.

En su primera época de delincuente, entre 1823 y 1830, dicen que se dedicó a conquistar mujeres y vivir a costa de ellas, reconociéndose como un Don Juan. Era moreno, bien parecido, dientes blancos, con patilla ancha y flequillo bajo el pañuelo, bien afeitado, calañés, faja roja, capa negra, calzón de pana y calzado de mucho tirar.

Poco después se dedicó al latrocinio y salió triunfante de dos duelos, uno de ellos contra Paco El Sastre, que luego sería su amigo, lo que le hizo respetable en los barrios de Madrid.

Para poder costearse sus gastos formó una cuadrilla de delincuentes en 1835,  con los que se reunía en “La Taberna de Jerónimo Morco”, en la calle de Mesón de Paredes, “La Taberna de la Paloma”, en la calle de Preciados, la de “Traganiños”, en la calle de los Leones junto a la calle de Jacometrezo y en la taberna de “El Tío Macaco”, en la calle Lavapiés.

Se dedicaba a robar, con su máxima de que la fortuna estaba mal repartida, pero nunca llegó a matar a nadie en ninguna de su acciones. Era extremadamente delicado en ellas, no usando la violencia.

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