En Egipto, entre las ruinas del taller de Tutmose, supervisor de obras y escultor del s. XIV a.C., el arqueólogo suizo-alemán Ludwig Borchardt halla el famoso busto de la reina Nefertiti tallado en piedra caliza y yeso pintado.

El Busto de Nefertiti es una escultura policromada, considerada una de las obras maestras del arte egipcio, elaborada por el Escultor Real Tutmose (1330 a. C.), artesano y maestro escultor durante el reinado de Akenatón, y que tenía un taller de escultura en la ciudad de Aketatón durante la Dinastía XVIII de Egipto.

La escultura representa a Nefertiti (c. 1370 a. C. – c. 1330 a. C.), una gran reina de la dinastía XVIII de Egipto, Gran Esposa Real de Akenatón. Su nombre egipcio se traduce como “Bondad de Atón, la bella ha llegado”. Su belleza fue legendaria, pero también su papel político y religioso en la sociedad de la época.

Tras su hallazgo fue adquirido por el empresario y coleccionista alemán James Simon, que lo donó al Ägyptisches Museum Berlin (Museo Egipcio de Berlín), habiéndose exhibido en el Neues Museum hasta 1943, cuando fue trasladado a un lugar seguro a causa de la Segunda Guerra Mundial.

 

Tras la guerra se exhibió en diversos museos de la capital alemana, hasta su regreso al nuevo Museo Egipcio de Berlín en octubre de 2009 tras la rehabilitación del edificio.

A modo de curiosidad, en el año 2007 miembros del Imaging Science Institute de Berlín, realizaron al busto una segunda tomografía axial computerizada (TAC), en la que sorprendentemente se descubrió un segundo rostro interior con rasgos faciales distintos.

Imágenes de tomografía computerizada que muestran el rostro interior (la segunda de arriba, la primera y tercera de abajo) esculpido bajo el busto de Nefertiti.

El rostro interno de piedra caliza fue esculpido con delicadeza y ligeramente simétrico. En comparación con la cara de estuco más externa, la cara interna mostraba algunas diferencias: menos profundidad en las esquinas de los párpados, pliegues alrededor de las esquinas de la boca y las mejillas, pómulos menos prominentes y una ligera prominencia de la nariz. Las orejas de la escultura interior eran similares a las visibles en el exterior.

Según los investigadores, retocar los pliegues de las esquinas de la boca y suavizar el puente de la nariz en la cara externa pudo ser una elección del artista y reflejar los ideales estéticos de la época.

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