Mediante Real Decreto se crea en España la Lotería Nacional debido al esfuerzo del marqués de Esquilache, ministro de Carlos III. La Lotería Nacional de entonces era igual que la ahora llamada Lotería Primitiva. El primer sorteo se llevó a cabo el 10 de diciembre de 1763.

Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache (Mesina, 23 de diciembre de 1699 – Venecia, 15 de septiembre de 1785), fue un diplomático y político italiano al servicio del “mejor alcalde de Madrid” en Nápoles y España.

Esquilache tuvo la idea de instaurar una lotería en España al estilo de las que funcionaban en Italia y que se habían destapado como un importante sustento para las arcas públicas.

El origen de aquella lotería italiana se remontaba a la ciudad de Génova. La república genovesa sorteaba, a mediados del siglo XVI los cinco principales puestos del senado entre los 90 senadores electos. Para ello tomaba 90 bolas de madera y marcaba cinco, nombrando en orden a cada uno de los senadores y extrayendo una bola por nombre hasta llegar a las cinco marcadas. Los genoveses cruzaban apuestas sobre sus favoritos, convirtiendo un evento político en una especie de quiniela deportiva. Esta proporción noventa a cinco parece ser el germen de las primeras loterías de números que sustituyeron a aquel divertimento político y se extendieron por el resto de ciudades italianas dándose a conocer como el ‘lotto di Genova’.

Cuando Carlos III accedió al ofrecimiento de su ministro, el marqués trajo de Nápoles a José Peya, director del juego de la Loto, ofreciéndole un sueldo que doblaba el que tenía y comprometiéndole a una estancia mínima de dos años, suficiente para poner en marcha el juego y comprobar su rentabilidad. Peya estableció en España una lotería de números al estilo genovés con multiplicidad de apuestas. El sistema consistía en la extracción de cinco números del uno al noventa en un orden determinado. Los apostantes podían jugar a un número o a una combinación determinada, habiendo premios concertados de antemano para cada número de aciertos.

El marqués de Esquilache, que poco después sería objeto de un conocido motín, no era muy querido en España y aunque participó muy activamente en la modernización impulsada por Carlos III puede decirse sin temor a equivocarse que la Lotería fue su legado más apreciado por los españoles.

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