En la cubierta del barco de vapor “Cabo Machichaco”, que se encuentra anclado en el puerto de Santander, se produce un incendio.

El buque transporta en sus bodegas 51 toneladas de dinamita de las cuales no se ha dado parte.

Los marinos y, más tarde los bomberos, tratan de sofocar las llamas. Esta frenética actividad atrae a cientos de curiosos a las inmediaciones del muelle.

A las cuatro de la tarde, las autoridades ya conocen el carácter de la mercancía. Sobre las cinco de la tarde, tres horas después de iniciarse el incendio y sin haber desalojado a la gente, estallan las bodegas. Los edificios de las inmediaciones se derrumban y los cristales de casi toda la ciudad saltan en pedazos.

La atronadora explosión causa la muerte a 590 personas y deja heridas a más de dos mil.

Por si fuera poco, el 21 de marzo del año siguiente durante las tareas de desescombro, la dinamita que aún quedará entre los restos del barco estallarán provocando la muerte a otros 15 trabajadores.

Es una gran tragedia para una ciudad que contaba con poco más de 50.000 habitantes. 

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