Fallece Publio Cornelio Escipión el Africano, político y general romano (n. 236 a. C.).

Escipión el Africano, en ocasiones llamado Africano el Mayor para distinguirlo de su nieto Escipión Emiliano, fue un importante político de la República romana que sirvió como general durante la segunda guerra púnica.

Escipión ‘El Africano’ ordena liberar al sobrino del Príncipe de Nubia después de que fuera capturado por Roma – The Walters Art Museum

Fue el general que derrotó a Aníbal, en la famosa batalla de Zama (202 a. C.), victoria que le valió añadir su agnomen, Africano. Escipión fue el único general romano que pudo vencer a Aníbal.

Es descrito por las fuentes antiguas como un hombre de carácter benévolo, afable y magnánimo. Su genio militar se debió a la perspicacia y al ingenio, esparciendo además entre sus legiones, en varias ocasiones, la idea de que actuaba bajo la protección de los dioses del panteón romano.

Como relata Adrian Goldsworthy en su obra Grandes generales del Ejército romano, Escipión poseía desde joven de “la ilimitada confianza en sí mismo de un patricio, conocedor desde la infancia que estaba destinado a ocupar un papel preeminente en la vida pública de Roma”.

La batalla de Zama. Ilustración de Cornelis Cort (1567)

Inteligente, carismático y una gota supersticioso, Escipión se caracterizó desde muy joven por los golpes teatrales envueltos en una supuesta aura de divinidad. Tal vez por ello se decía –como en el caso de Alejandro Magno– que se había descubierto a su madre yaciendo con una serpiente gigante antes de quedarse embarazada. ¿Creía el general romano realmente en aquellas leyendas y en que los dioses guiaron sus victorias? Probablemente no. Los historiadores se inclinan a pensar que simplemente Escipión se valía de estos gestos para motivar a sus tropas y aumentar su popularidad.

La campaña en Hispania forjó su leyenda. Y es que la conquista de Cartago Nova otorgó a Escipión una base en la España meridional, prestigio y al menos 18 navíos de guerra.

Busto de Escipión como senador de Roma

Sin embargo, su final fue muy triste. A sus 30 años, uno de los hombres que salvaron Roma del desastre había logrado todo a lo que un senador puede aspirar en su vida. Solo cabía que el sistema republicano frenara de alguna forma su ascenso: le acusaron a él y a su hermano de apropiarse de un botín de guerra y se vio obligado a exiliarse.

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