En el marco de la Segunda Guerra Mundial, 1944 será el comienzo del fin del Eje. La dura invasión aliada provoca que los alemanes se vean obligados a retirarse de Francia, con lo que la contienda comienza a tomar un último giro que acabará con la expectativas de Hitler.

Será entonces cuando el Gobierno de Franco, reunido en Consejo de Ministros el 3 de febrero de 1944, vuelve a tomar un importante acuerdo: mantener estricta neutralidad ante los acontecimientos mundiales de la conflagración. El general Granco pronunciará pues en Alicante un discurso definiendo su ya conocida postura anti bolchevique:

“Esta es la realidad de la política española a la contienda. España, que padeció en su territorio la presencia de las checas rusas y sus comisarios, comprendió lo que representaba la amenaza comunista y permitió un día a sus voluntarios la gloriosa empresa de contenerla. Y cuando más tarde esta ilusión podía, contra nuestra voluntad, arrastrar a nuestro pueblo a la guerra con otras naciones civilizadas, con las que España mantiene relaciones de amistad, hubo de sacrificar aquel ideal ante la defensa de los intereses supremos de la Patria, reservándose aquellos veneros de energía y de heroísmo, hoy más necesarios que nunca en nuestro solar, al extenderse por Europa la ola de devastación. Para nosotros son dos problemas distintos: el de la lucha contra los bolcheviques y el de la pugna en Occidente con las naciones civilizadas”

 

Pero sin duda, estamos ante uno de los mitos de la historiografía franquista: el del Caudillo como adalid de la neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial. Pese a sus simpatías hacia Hitler y Mussolini, Francisco Franco habría evitado aliarse con Alemania y gracias a ello España se salvaba de otra guerra. Pero tal y como cuenta el historiador Ángel Viñas en su libro, Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco (Editorial Crítica), cuestiona ese relato con una prosa demoledora y el apoyo de documentos desclasificados en el Reino Unido para explicar como el gobierno de Winston Churchill, con el apoyo del financiero Juan March, sobornó a varios generales y altos mandos del ‘caudillo’ para asegurarse esa neutralidad.

Los británicos temían en 1940 y 1941 que Franco se aliase con Hit­ler y atacara Gibraltar o lo hiciera el ejército alemán si se le permitía atravesar libremente territorio español. Si eso sucedía, las potencias del Eje controlarían la entrada del Mediterráneo y además amenazaban con la conquista del canal de Suez.

El banquero Juan March.

Los británicos tenían un ‘plan B’ que era la ocupación de las islas Canarias para controlar otro punto estratégico, pero necesitaban tiempo para fortificar Gibraltar ante un posible ataque. Por eso y demostrando su pragmatismo decidieron ‘neutralizar’ a Franco y a su cuñado ­Ramón Serrano Suñer con una operación preventiva que Viñas denomina “Sobornos”. Se trataba de influir sobre militares de confianza como los generales Nicolás Franco, hermano del Caudillo; José Enrique Varela; Valentín Galarza; Alfredo Kindelán; Luis Orgaz, y Antonio Aranda, entre otros. Los pagos se gestionaron a través del banquero Juan March y se hicieron en cuentas suizas, por cantidades que aún hoy se ignoran con precisión, así como las listas exactas de beneficiarios.

Viñas calcula que en tres años se repartieron a través del embajador Hoare cantidades que al cambio de hoy significarían entre 350 y 1.225 millones de euros (depende de la metodología de cálculo utilizada). Eso explicaría “ciertas fortunas militares de otro modo inexplicables” y la continuidad en la cúpula “de una dictadura esencialmente cleptómana”.

Ángel Viñas, que reside en Bruselas, reconoce que su investigación parte del trabajo de su amigo el profesor Denis Smyth, quien empezó a hablar de estos sobornos en 1986. “Pero en el 2013 se desclasificaron nuevos legajos y esto me ha permitido reconstruir la historia y explicar cosas que no se sabían. Y aún queda material por desclasificar que nos deberían permitir saber la lista de todos los generales beneficiarios, de la relación con March y de este con los generales”.

 

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