En el marco de la Segunda Guerra Mundial, en la tarde de este día, Londres sufre la mayor oleada de bombardeo aéreo alemán. Cientos de incendios causados por las cerca de 3.000 bombas incendiarias arrojadas, impregnan la ciudad.

Mientras, los bomberos demuestran un valeroso desprecio hacia las bombas que estallan a su alrededor, y de este modo logran salvar gran parte de la “city”. Al día siguiente, la foto que ilustra este post, simbolizará el espíritu de firmeza de los londinenses durante la batalla de Inglaterra: la Catedral de San Pablo, se erige milagrosamente indemne entre el humo y las llamas.

 

Los proyectiles cayeron sobre la Catedral de San Pablo que el primer ministro Winston Churchill dijo debía ser protegida a cualquier precio.

Decenas de voluntarios patrullaron los pasillos de la catedral y utilizaron bolsas de arena y bombas de agua para combatir las llamas. La catedral se salvó pero muchos otros edificios se perdieron.

El reverendo Canon Mark Oakley, tesorero de San Pablo, dijo que, aunque hecha de piedra, la catedral también estaba en gran parte compuesta por partes de madera.

Oakley afirmó que “los valientes 80 hombres y mujeres que se ofrecieron voluntarios para vigilar la catedral trabajaban todos los días, y después ayudaban a que la catedral no se prendiese fuego.”

“La catedral sufrió bastantes daños pero por suerte se mantuvo como un símbolo de la resistencia londinense al fascismo”, señaló Oakley.

De estos difíciles momentos quedan muchas anécdotas del extraordinario coraje con que los londinenses afrontaron el bombardeo. Una de ellas es lo que ocurrió cuando una bomba cayó cerca de la catedral, pero no había explotado. Además de ser una amenaza para la catedral que tanto trataban de salvar, la bomba estaba cerca de un centro de gas, por lo que implicaba un mayor riesgo.

Es por ello que el teniente Robert Davies y George ‘Sapper’ Wyllie decidieron que deben trasladar la bomba. Durante tres días, un equipo de ingenieros reales trabajó para sacarla, con el riesgo de que explotase ante un mal movimiento. Con mucho cuidado, lograron llevarla a una zona deshabitada en donde la hicieron explotar.

En los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial (septiembre de 1940 y mayo de 1941), la Alemania nazi lanzó varios bombardeos sobre Londres, y causaron la muerte de más de 40.000 civiles. Además, 1,4 millones de personas se quedaron sin hogar por los ataques aéreos.

Tras la ‘guerra relámpago’ sobre Reino Unido, este dejo de ser el blanco predilecto de los nazis y Hitler concentró todo su esfuerzo en la URSS.

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