Durante la Guerra Civil Española, el destructor Almirante Ferrándiz (AF) es hundido por tiro casi imposible en la Batalla del Cabo Espartel, en la lucha por el control del estrecho de Gibraltar.

En septiembre de 1936 el grueso de la Flota Republicana se encontraba en aguas del Mediterráneo, entre otras posiciones impidiendo el paso de los convoyes de tropas sublevadas hacia la península procedentes del norte de África a través del Estrecho de Gibraltar. La negativa de los gobiernos franceses, en Túnez, y británico en Gibraltar a dar puerto a la Flota obligó a esta a establecer Málaga como punto de concentración más próximo al estrecho.

A pesar de el dominio republicano de estas aguas, fueron varios los convoyes de tropas sublevadas que lograron burlar el bloqueo contando con la ayuda de la aviación italiana y alemana -esta última con los bombardeos efectuados desde varios Junkers-. Esto provocó que el bando nacional desembarcara en la península para reforzar el mantenimiento de la sublevación en ciudades como Cádiz, Algeciras y Sevilla, lo que supuso un contingente de tropas de más de 23.000 hombres en menos de 6 meses.

Fue una desafortunada decisión tomada por el Ministro de Marina Indalecio Prieto, la que supuso un duro golpe para la supremacía republicana en el mar. Prieto ordena el 21 de septiembre que partan desde Málaga a Bilbao el acorazado “Jaime I”, los cruceros “Libertad y Cervantes” y  los destructores “Lepanto”, “Escaño”, “José Luis Diez”, “Antequera”, “Valdés” y “Miranda”, los cuales llegaron el 24 a Bilbao para asegurar esta ciudad.

Ante esta maniobra y disponiendo ya del crucero “Canarias”, los mandos nacionales mandan a éste junto con el “Cervera” contra los buques de vigilancia del Estrecho, en esos momentos el “Almirante Ferrandiz” -abajo, en la imagen- y el “Gravina”. El 29 de septiembre a la altura de Cabo Espartel en el norte de África, una andanada de proyectiles de 200 mm del “Canarias” lanzada a más de 10 millas del “Ferrandiz” lo alcanza de lleno. Asimismo, otra posterior provocaría su hundimiento, ocasionando la muerte de la práctica totalidad de la tripulación. Ese mismo día, Prieto ordenará la vuelta de toda la Flota Republicana a aguas del Estrecho.

Podemos decir que la orden de este político significó la perdida del control del Estrecho y con ella el quebrantamiento de la hegemonía naval de la República.

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