En el marco de la Guerra Civil Española, las Brigadas Internacionales se marchan de España.

Las Brigadas Internacionales fueron unidades militares compuestas por voluntarios extranjeros de más de 50 países que participaron en la Guerra Civil Española junto al ejército de la Segunda República Española, enfrentándose al bando sublevado contra el gobierno legítimo surgido de las elecciones de 1936.

Según los datos manejados por los estudios realizados en Estados Unidos por el Batallón Abraham Lincoln y por el historiador Andreu Castells, llegaron a participar en total 59.380 brigadistas extranjeros, de los cuales murieron más de 15.000; al mismo tiempo los internacionales no sobrepasaron más el número de 20.000 hombres presentes en los frentes en cada periodo de la guerra. La nacionalidad más numerosa fue siempre la francesa, con una cifra cercana a los 10.000 hombres, buena parte de ellos de la zona de París. La mayoría no eran soldados, sino trabajadores reclutados voluntariamente por los partidos comunistas (Comintern) o veteranos de la Primera Guerra Mundial.

Su base se encontraba en la Base Aérea de Los Llanos, en Albacete. Las Brigadas participaron en la defensa de Madrid en 1936, las batallas del Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite, Teruel, Aragón y el Ebro, siendo retiradas finalmente con el fin de modificar la posición ante la intervención extranjera del Comité de No Intervención.

El 28 de octubre de 1938, las Brigadas Internacionales desfilaban por última vez por las calles de Barcelona en un acto encabezado por el presidente de la República Manuel Azaña y el presidente del gobierno Juan Negrín al que asistieron unas 250.000 personas.

La mayoría de los menos de diez mil brigadistas supervivientes a la guerra trataron de volver a sus países. Muchos de ellos no tendrían problemas (franceses, británicos, estadounidenses), pero otros muchos se verían con situaciones difíciles: los italianos, alemanes, austriacos, suizos, búlgaros y canadienses se vieron entre la espada y la pared.

Formalmente eran expulsados de España pero, o serían detenidos en sus países al regreso debido que en ellos gobernaban el fascismo y el nazismo, o bien se arriesgaban a la cárcel porque habían salido sin autorización para servir en un ejército extranjero, o porque sus respectivos gobiernos perseguían a los militantes comunistas, por lo cual muchos brigadistas debieron marchar como exiliados a terceros países.

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