Dentro del marco de la Guerra Civil Española, en Paracuellos de Jarama, Madrid, el dramaturgo Pedro Muñoz Seca es fusilado en las que se conocen como “Matanzas de Paracuellos”.

Estas fueron una serie de ejecuciones masivas organizadas durante la batalla de Madrid, que llevaron a la muerte de algo más de dos mil prisioneros considerados opuestos al bando republicano. Los hechos se desarrollaron en dos lugares cercanos a la ciudad de Madrid: los parajes del arroyo de San José, en Paracuellos de Jarama, y en el soto de Aldovea, en el término municipal de Torrejón de Ardoz.

Las ejecuciones se realizaron aprovechando los traslados de presos de diversas cárceles madrileñas, conocidos popularmente como sacas, llevados a cabo entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, mientras se enfrentaban las tropas gubernamentales y franquistas por el control de la ciudad. Del total de 33 sacas de presos que tuvieron lugar en las fechas citadas, 23 de ellas terminaron en asesinatos.

Los convoyes mencionados fueron desviados hacia el arroyo San José, en la vega del río Jarama, y hacia la vega del río Henares, donde miles de prisioneros acabarían siendo asesinados.

Entre ellos se encontraban militares que habían participado en la sublevación o que no se habían incorporado a la defensa de la República,​ falangistas, religiosos, militantes de la derecha, burgueses y otras personas que en su inmensa mayoría habían sido detenidas por ser consideradas como partidarias de la sublevación, y encarceladas sin amparo legal ni acusación formal.

Los presos extraídos de las prisiones lo fueron con listas elaboradas y notificaciones de traslado o libertad con membrete de la Dirección General de Seguridad y, en ocasiones, firmadas por Segundo Serrano Poncela, el delegado de Orden Público de la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid.

Las matanzas de Paracuellos son consideradas las de mayor dimensión que tuvieron lugar en la retaguardia de la zona republicana. El número de asesinados ascendió a unas 2500 personas, si bien la cifra exacta sigue siendo objeto de discrepancia y controversia.

También son objeto de enconadas discusiones aspectos como quién dio la orden de ejecutar a los evacuados de las cárceles, por qué unas sacas terminaron en asesinatos masivos en tanto que en otras los prisioneros llegaban sanos y salvos a su destino y, en definitiva, las responsabilidades directas e indirectas de los fusilamientos.

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