La Compañía de Jesús (los jesuitas) recibe la autorización del Papa Pablo III, quien la reconoce como nueva orden religiosa y firma la bula de confirmación, Regimini militantis ecclesiae (Por el gobierno de la iglesia militante).

En septiembre de 1529, Ignacio de Loyola, un vasco que combatió en las guerras contra el rey de la Navarra transpirenaica, defendiendo la causa de Carlos I, había optado por dedicarse a «servir a las almas». Será el 15 de agosto de 1534, fiesta de la Asunción de la Virgen, cuando Ignacio junto con un grupo de discípulos, se dirigirán a la cripta de la capilla del Martyrium, ubicada en la colina de Montmartre, donde pronunciarán tres votos: pobreza, castidad y peregrinar a Jerusalén. De esta forma dará comienzo la fundación de los jesuitas.

A partir de la aprobación papal comenzó un proceso de expansión numérica, de organización interna y de responder a las misiones encomendadas: fundación de colegios a petición de ciudades interesadas, reforma de monasterios, participación en el Concilio de Trento, diálogo con los protestantes, misiones diplomáticas, etc.

En 1556, cuando murió el fundador, eran 1.000 compañeros. Hoy día, con 16.378 miembros en 2016, es la mayor orden religiosa masculina católica. Su actividad se extiende a los campos educativo, social, intelectual, misionero y de medios de comunicación católicos, además de atender 1.541 parroquias por todo el mundo.

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