Tal día como hoy, de hace 73 años, las tropas soviéticas liberaron el horror del campo nazi de concentración de Auschwitz, en Polonia.

El espectáculo que se encontraron fue dantesco e inimaginable. Para más de un millón y medio de seres humanos, el noventa por ciento de ellos de origen judío, Auschwitz fue la última etapa de un calvario indecible.

Sólo sobrevivieron 7.500 personas de ese millón y medio, 600 de ellas menores, que en este día recuperaron su libertad tras sobrevivir a la horrible pesadilla de los campos de concentración nazis, donde fueron asesinados seis millones de judíos como parte de la “Solución Final”.

El infierno de Auschwitz muy pocas veces vería un rayo de luz y esperanza. Y una de esas poquísimas veces fue la boda entre un prisionero y su amada. El enlace entre una española llamada Margarita Ferrer y un austríaco, perteneciente a las Brigadas Internacionales, de nombre Rudolf Friemel.

Ambos se conocieron en España luchando junto al bando republicano en la Guerra Civil Española. Ferrer, madrileña de 20 años, se enamoró perdidamente de Friemel y tras finalizar la contienda se exiliaron a Francia. Fue en 1.941 cuando tuvieron un hijo y decidieron escapar de la Ciudad de la Luz, ya tomada por Hitler, hacia Viena, donde vivían los padres de Friemel. Sin embargo, su plan se truncó tras ser detenidos junto a su bebé en la estación francesa de Vierzon.

El campo de concentración de Auschwitz comprendía Auschwitz I —campo original—, Auschwitz II-Birkenau —campo de concentración y exterminio—, Auschwitz III-Monowitz —campo de trabajo para la IG Farben, o lo que es lo mismo, todo un conglomerado alemán de compañías químicas— y 45 campos satélites más.

Pues bien, Rudolf fue enviado a Auschwitz I, donde trabajó como mecánico en el garaje de la SS, y Margarita fue enviada a un campo de trabajos forzados en la Selva Negra, hasta que pudo salir de él y encontrar refugio en casa de los Friemel.

Estando en Viena, en marzo de 1944, Margarita recibió inesperadamente un telegrama requiriéndole para que se dirigiera a Auschwitz a casarse con Rudolf. Algo que Friemel había solicitado por todos los medios a las SS. Le acompañarían el padre y el hermano de aquél, en calidad de testigos. Puede que fuera un momento de debilidad y humanidad o un acto de cruel cinismo por parte del régimen nazi… a saber.

El 18 de marzo de 1.944 por la mañana se ofició la ceremonia, de acuerdo a la legislación del Tercer Reich. El hijo de ambos, Edouard, de tres años, estaba presente. La boda supuso un acontecimiento especial en el campo de concentración, donde de manera excepcional el novio pudo dejarse crecer el cabello y acudir a la ceremonia con un traje y corbata cedidos por guardias de las SS.

Tras el enlace, Margarita y Rudolf pudieron andar con total libertad por el campo, escoltados por la orquesta de prisioneros que tocaba la marcha nupcial. Esa misma tarde, Rudolf pudo jugar y disfrutar de su vástago.

Al acabar el día, la pareja pudo pasar un tiempo de intimidad en uno de los barracones de los guardias, precisamente el que utilizaban como prostíbulo, y se dispusieron dos habitaciones, una para la pareja y su hijo, y otra para el padre y el hermano de Rudolf.

Los presos habían recibido el encargo de prepararle el desayuno a la pareja de novios, y al amanecer llegó el momento de separarse. Rudolf le dijo a su amada que lucharía hasta el final para volverse a ver. Y así se lo prometió. Sería el último beso que la feliz pareja se darían. Nueve meses después, en diciembre, Rudolf y otros cuatro presos que habían intentado fugarse fueron capturados y ahorcados como líderes de la resistencia dentro del campo. Sería la última ejecución pública de Auschwitz antes de su liberación.

Tras la muerte de Franco, Margarita regresó a España, pero solo de visita pues estableció su hogar en Francia. Moriría muchos años más tarde en París, en la Nochebuena de 1.987.

Hay que decir que el caso de esta pareja fue excepcional. Y repetimos, no sabemos el porqué. Las fotos de familia las tomó un prisionero polaco de nombre Wilhelm Brasse y que reveló en el estudio fotográfico de Auschwitz, siendo hoy día propiedad del Auschwitz Memorial.

En una nota de despedida a Margarita, por si su fuga no tenía éxito, Rudolf le escribió:

“Esperaba volver a veros a ti y a mi querido hijo, pero no podía abandonar la lucha. Me era imposible. Y ha llegado mi hora. No me siento triste, y tú tampoco debes estarlo mi amor. Cuando acabe la guerra volverás a España. Cuida de nuestro hijo. Haz de él un hombre y un luchador. Y mira al futuro para poder olvidar estos tiempos desdichados. Mis últimos pensamientos han sido para ti”

El hijo de ambos, Edouard Friemel, llegó a ser profesor de psicología en la Universidad de París 8. Y seguro que su padre habría estado muy orgulloso de él.

 

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