Tiene lugar el conocido como Incidente del Equinoccio de Otoño, que coloca al mundo al borde de una Guerra Termonuclear total, cuando a las 00.14 (hora de Moscú) un satélite soviético alerta que un misil balístico intercontinental estadounidense ha sido lanzado desde la base de Malmstrom, en Montana (EE.UU.), y en 20 minutos alcanzará la U.R.S.S.

Stanislav Petrov -abajo, en la imagen-, ese día al mando de la inteligencia militar soviética, piensa que se trata de un error, ya que nadie ataca con un sólo misil. Poco después los ordenadores indican que cuatro misiles más se dirigen hacia la URSS. Petrov, conocedor de las peculiariades del sistema de alerta temprana soviética, piensa que éste puede estar equivocado, así que considera de nuevo que son muy pocos misiles, cinco, cuando EE.UU. tiene miles de misiles nucleares. Decide esperar y finalmente se descubre que se trata de una falsa alarma causada por reflejos de luz del sol en las nubes.

Más tarde, al ser preguntado por qué no ha dado la alerta, contestará simplemente: “La gente no empieza una guerra nuclear con sólo cinco misiles”. Con su sangre fría evitó la hecatombe mundial.

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