Winston Churchill vuelve a ser elegido primer ministro de Gran Bretaña tras el triunfo electoral de los conservadores en las elecciones generales.

Aunque la importancia de Churchill durante la Segunda Guerra Mundial es indiscutible, lo cierto es que también tenía bastantes enemigos en su país. Su desacuerdo con ideas como mejorar el sistema de salud y la educación pública, produjo descontento entre sectores de la población, particularmente entre aquellos que habían luchado en la guerra. Tan pronto como terminó ésta, fue derrotado por Clement Attlee, candidato del Partido Laborista, en las elecciones de 1945.

Algunos historiadores opinan que los británicos creían que aquel que los había guiado con éxito en la guerra, no era el mejor hombre para liderarlos en la paz. Otros piensan que fue más bien el partido Conservador y no Churchill, el que fue derrotado.

Churchill fue elegido nuevamente primer ministro en 1951, hasta su dimisión en abril de 1955. Durante este tiempo, renovó lo que él mismo denominó la “relación especial” con los Estados Unidos y trató de inmiscuirse en la formación del orden de posguerra. En las cuestiones raciales, Churchill era todavía un victoriano. Trató en vano de restringir la llegada de inmigrantes del oeste de la India. “Mantener Gran Bretaña blanca” sería un buen eslogan, dijo a su gabinete en enero de 1955.

Sus prioridades internas fueron, no obstante, dejadas de lado por una serie de crisis políticas en el extranjero, que eran resultado del continuo declive del poderío y prestigio militar británico. Gran defensor de Gran Bretaña como gran potencia, Churchill optó a menudo por las acciones directas. Intentando retener lo que pudiera del imperio, afirmó una vez que, “No presidiré un desmembramiento”. Churchill dedicó gran parte de su tiempo a las relaciones internacionales y aunque no se llevaba bien con el presidente Eisenhower, Churchill mantuvo la relación especial con los Estados Unidos.

A su muerte en 1965, la reina Isabel II le concedió el honor de un funeral de estado en el que se dio una de las mayores reuniones de jefes de Estado nunca antes vistas.​ Churchill es recordado como uno de los hombres más influyentes no solo en la historia del Reino Unido, sino del mundo entero.

(En la foto, Winston Churchill, su hijo Randolph y su nieto Winston, vestidos para la ceremonia de coronación de Isabel II en 1953)

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