En el marco de la Guerra Civil Española, dentro de la Ofensiva de Cataluña, las tropas franquistas entran en esta comunidad tras romper las líneas republicanas en diversos puntos.

La Campaña de Cataluña se desarrolló entre diciembre de 1938 y febrero de 1939. El objetivo era la toma de Barcelona.

La retirada de las Brigadas Internacionales en octubre de 1938 había privado a la República de un contingente de tropas, que si bien resultaban muy pequeñas en número sí eran experimentadas en la lucha. A este factor se unía la mala situación estratégica de Cataluña, rodeada por el Mediterráneo y por la zona bajo control franquista, aunque conservaba la frontera con Francia en su extremo norte, susceptible de ser atacada por los flancos sur y oeste y contando sólo con los ríos Ebro y Segre como “defensas naturales”.

Militarmente, el bando republicano carecía de pertrechos y munición para defender una ciudad tan extensa como Barcelona, además que la desmoralización de las tropas ya era extremadamente grave, pues casi no creían en un triunfo. Además, la población civil consideraba la guerra como perdida.

Escuadrilla de Stukas como los utilizados por la Legión Cóndor en la ofensiva de Cataluña.

En la tarde del 24 de enero el gobierno republicano huía finalmente a Gerona, dejando tras de sí una ciudad dominada por el desorden de la huida. Algunos militantes comunistas intentaron defender la ciudad a ultranza instalando barricadas el día 25 y lanzando por las calles proclamas impresas a la población civil, pero sus esfuerzos chocaron contra el desánimo de los civiles y el incesante flujo de refugiados rurales en fuga hacia el norte, que no albergaban mayores esperanzas, a lo cual se sumaba la fuga caótica de miles de simpatizantes republicanos de Barcelona hacia la frontera francesa.

 

Un testimonio de estas horas lo dejó el magistrado Josep Andreu, presidente del Tribunal de Casación de Cataluña tras cenar con el líder Lluís Companys en Barcelona la noche del 25 de enero:

Fue una noche que nunca olvidaré. El silencio era total, un silencio terrible, como sólo se advierte en el punto culminante de una tragedia. Fuimos a la plaza de Sant Jaume y nos despedimos de la Generalitat y de la ciudad. Eran las dos de la madrugada. La vanguardia del ejército nacionalista ya estaba en el Tibidabo y cerca de Montjuic. No creíamos que volviésemos jamás.

 

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