Será la encargada de organizar y controlar todo el servicio de transportes y de pasajeros entre el Nuevo y el Viejo Mundo. Todo ello a raíz del del segundo regreso de América de Cristóbal Colón.

La sorpresa y el exotismo habían quedado atrás. Ahora se valoraba la riqueza que podría generar establecer relaciones comerciales en firme y la situación de puerto interior del Guadalquivir hacían de Sevilla la mejor sede administrativa.

Grabado de las Atarazanas de Sevilla en la época de la Casa de la Contratación.

Por ello, todo aquel castellano que quisiera emprender viaje hacia las lejanas tierras tenía que cumplir, exclusivamente en este lugar, con la función burocrática. Papeleo, pago de tasas, impuestos… también para las importaciones, que eran rigurosamente controladas.

Las inspecciones se realizaban igualmente en los buques que iban a surcar el océano, a los cuales se aprovisionaba con todo lo necesario, desde aparejos a víveres. La Casa de la Contratación se encargaba también de las relaciones con mercaderes y navegantes y, por supuesto, registrar cualquier expedición.

Sevilla en la segunda mitad del siglo XVI, por Alonso Sánchez Coello. Museo de América de Madrid.

Su primera ubicación fue en las Atarazanas del puerto de Sevilla pero debido a que el lugar estaba expuesto a las riadas y podía ser perjudicial para las mercancías se trasladó su sede a los Reales Alcázares donde se instaló en la Sala de los Almirantes.

Las funciones de la Casa de la Contratación eran literalmente, según Real Decreto de la reina Isabel de 1.503:

“Recoger y tener en ella, todo el tiempo necesario, cuantas mercaderías, mantenimientos y otros aparejos fuesen menester para proveer todas las cosas necesarias para la contratación de las Indias; para enviar allá todo lo que conviniera; para recibir todas las mercaderías e otras cosas que de allí se vendiese dello todo lo que hubiese de vender o se enviase a vender e contratar a otras partes donde fuese necesario”

De igual forma, se formaba y examinaba a los navegantes o se proyectaban rutas, como las seguidas por Juan de la Cosa, Ximénez de Enciso, Yáñez Pinzón, Solís, Mendoza, Núñez de Balboa, Cabeza de Vaca o la que llevó a Magallanes a dar la vuelta al mundo.

Patio de la Montería, Reales Alcázares de Sevilla.

En 1717 como consecuencia de que el puerto fluvial de la capital hispalense se iba quedando impracticable por la sedimentación, de nuevo la Casa de Contratación se muda de lugar, esta vez a Cádiz.

Poco a poco fue perdiendo importancia puesto que por diversos motivos cada vez era más difícil mantener el monopolio comercial con América, razón de ser de esta institución. Así, aunque el monopolio de la Corona no fue nunca una realidad absoluta –pues era imposible impedir que mercaderes de otros lugares del mundo comerciaran con las Indias españolas a través del contrabando- la segunda mitad del siglo XVIII conoció condiciones especialmente adversas para el mantenimiento del monopolio.

Retablo de la Virgen de los Navegantes, que se localizaba en la capilla de la Casa de la Contratación.

Todo ello motivó que la Corona decretara la libertad de comercio en octubre de 1778. Con esta iniciativa se ponía fin a casi tres siglos de monopolio comercial, al menos en el plano legal. Como consecuencia de ello, la Casa de la Contratación, en tanto que garante del mantenimiento de dicho monopolio, dejó de tener sentido y en julio de 1790 se decretó su supresión.

Es en ese momento cuando todos los documentos que testimoniaban los datos científicos, mercantiles, etnográficos, geográficos, cartográficos e históricos, testigos de la Conquista de América, pasan al Archivo de Indias en Sevilla situado en el edificio de la Casa Lonja levantado por Felipe II y donde hoy día se guardan más de 43.000 legajos instalados en ocho kilómetros lineales de estanterías, con unos 80 millones de páginas de documentos originales acerca de tres siglos de comercio con América.

Fotograma de la fantástica serie ‘La Peste’, de Movistar+
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