Abderramán III se proclama califa de Córdoba.

Octavo soberano Omeya de la España musulmana y primero de ellos que tomó el título de califa (Córdoba, 891 – 961). Accedió al trono en el año 912, cuando sólo tenía 21, designado por su abuelo para sucederle con preferencia a sus propios hijos; y en el 929 se hizo proclamar califa, rompiendo el último vínculo simbólico que le unía con el califato de los Abasidas.

Grabado del siglo XIX de Abderramán III.

No es exagerado decir que le califa Abderramán III fue uno de los gobernantes más importantes de la historia de la Humanidad. Fue un hombre de acusados rasgos de personalidad: brillante, astuto, impetuoso, culto, violento, cruel… una combinación de características que hizo de él uno de los hombres más poderosos de la Edad Media occidental.

Abderramán III unificó a un pueblo plagado de guerras tribales e influencias extranjeras. Primero, estableció exitosamente un gobierno centralizado en España y construyó un poderoso ejército y marina. Luego, mediante acciones militares, rompió relaciones exitosamente con la aristocracia del mundo árabe, los Fatimíes de Egipto y del Norte de África, y los reyes cristianos de León.

La corte de Abderraman, de Dionisio Baixeras Verdaguer (Universidad de Barcelona).

Asimismo, fue el primero que gravó su nombre y sus títulos en las monedas. Fue un hombre de gran erudición y poeta. Todos sus hijos eran poetas, filósofos o historiadores. En su palacio de Meruán, se reunían los hombres más sabios de su tiempo, y allí se cultivaban todas las ramas del saber de aquella época.

Dírham de Abderramán III emitido en Medina Azahara.

Córdoba se convirtió en el emporio de la cultura de su tiempo; en ella creó, Abderrahmán, la primera Academia de medicina que existió en Europa; allí fue Sancho I de Asturias y León a curarse la obesidad. Este califa construyó, al pie de Sierra Morena, la ciudad-palacio de Madina al-Zahra, en recuerdo de su esposa favorita. En esta obra, trabajaron 10.000 obreros más de 20 años. En el harén tenía 6.000 mujeres.

Al final de su vida, Abderramán III reflexionó sobre su vida, como otros gobernantes antes que él. Extraordinariamente, él llegó a la misma conclusión filosófica básica de otros grandes hombres de la historia.

“He reinado ahora por más de cincuenta años en la victoria o en la paz; amado por mis súbditos, temido por mis enemigos, y respetado por mis aliados. Riqueza y honores, poder y placer, han aguardado mi llamadA. tampoco parece haber faltado ninguna bendición terrena en mi felicidad. En esta situación, he enumerado diligentemente los días de felicidad pura y genuina que me han tocado en suerte: Suman catorce: – ¡Ah, hombre! ¡No pongas tu confianza en este mundo presente!”

Como Gilgamesh, Nabucodonosor, Salomón, y David, el poderoso Califa de Córdoba conquistó todo lo que él tenía que ofrecer al mundo.

La península ibérica al advenimiento de Abderramán III y los principales focos de rebeldía a su autoridad. Este logró someter de nuevo los territorios musulmanes a la obediencia cordobesa, acabar con las rebeliones internas y limitar las conquistas de los Estados cristianos del norte, aunque no recuperó los territorios perdidos a manos de estos.
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