Felipe de Borbón, duque de Anjou, acepta la Corona de España para reinar bajo el nombre de Felipe V, inaugurando así la dinastía borbónica.

Felipe de Borbón, duque de Anjou, nació en Versalles como segundo de los hijos de Luis, Gran Delfín de Francia y de María Ana de Baviera. Por tanto, era nieto del rey francés Luis XIV y María Teresa de Austria, nacida infanta de España, y bisnieto de Felipe IV de España, de la Casa de Austria.

Al no tratarse del primogénito, sus posibilidades de heredar el trono de Francia parecían escasas. Durante su reinado español, y en una clara muestra del intrusismo francés en la vida política española, se concederán privilegios comerciales en América a los franceses. También se permitirá a las tropas francesas entrar en Flandes y el estado empezará a copiar algunas formas afrancesadas en la corte.

Durante los últimos años de su reinado, la enfermedad mental y el deterioro físico de Felipe V se fueron acentuando —«hasta los pintores de cámara, como Jean Ranc y Van Loo, habían tenido que reflejar la decrepitud del rey, hinchado y torpe, con las piernas arqueadas y la mirada perdida»—, hasta que en la noche del 9 de julio de 1746 murió de un ataque cerebrovascular.

Felipe V en “El Ministerio del Tiempo”

Apenas transcurrida una semana de la muerte de su padre, el nuevo rey Fernando VI —el único hijo varón de su primer matrimonio que le había sobrevivido— ordenó a su madrastra, la reina viuda Isabel de Farnesio —quien había sometido a los príncipes de Asturias a una especie de «arresto domiciliario» durante casi quince años—, que abandonara el palacio real del Buen Retiro y se marchara a vivir a una casa de la duquesa de Osuna, acompañada de sus hijos, los infantes Luis y María Victoria.

Los restos de Felipe V reposan junto con los de su segunda esposa Isabel de Farnesio en un mausoleo emplazado en la Real Colegiata de la Santísima Trinidad, en la llamada Sala de las Reliquias, dentro del Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, a pocos kilómetros de Segovia.

Compartir