En el Antiguo Egipto, en tiempos del faraón Ramsés III, (según cálculos aproximados) comienza la primera huelga laboral de la historia, ocurrida en las obras del Valle de los Reyes.

Un papiro de la época, conservado en el Museo Egipcio de Turín, cuenta que los trabajadores se negaron a continuar la construcción del monumento funerario ubicado en el Valle de los Reyes hasta que no se les pagaran el salario atrasado.

En aquella época en Egipto aún no se acuñaba moneda, así que los constructores cobraban en especie. Un obrero sin cualificación recibía algo más de tres kilos de trigo y uno de cebada al día, además de unos ocho kilos de pescado cada 10 días. Asimismo, cada cierto tiempo, se les entregaba carne, aceite, sal, miel, hortalizas, vino, leña, perfumes, calzado y vestimenta.

Un ataque a una de las caravanas que transportaban estos productos y su adulteración por parte de los administradores encargados del reparto fueron los detonantes para la protesta de los trabajadores, tal y como recogen las crónicas de la época.

Tras casi dos semanas sin recibir alimento, lo que se unía a las duras condiciones de trabajo que soportaban, los obreros egipcios decidieron dejar de trabajar y protestar ante sus jefes:

“Hemos venido aquí empujados por el hambre y por la sed; no tenemos vestidos, ni grasa, ni pescado, ni legumbres. Escriban esto al faraón, nuestro buen señor y al visir nuestro jefe, que nos den nuestro sustento”

Sus quejas fueron escuchadas y se llegó a un acuerdo para pagarles parte de los salarios adeudados. Las protestas cesaron, aunque no por mucho tiempo. El incumplimiento de este acuerdo y numerosos retrasos más llevaron a que las huelgas, acompañadas de saqueos, se sucedieran durante los siguientes años.

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