Fallece el conde Vlad Tepes (nacido como Vlad Drăculea) en su castillo de Transilvania. Fue apodado ‘el Empalador’, por empalar a miles de sus enemigos durante su reinado como Príncipe de Valaquia entre 1456 y 1462.

Vlad Tepes desayunando ante unos empalados.

Fue un gran luchador en contra del expansionismo otomano que amenazaba a su país y al resto de Europa, y también era famosa su crueldad por su manera de castigar a los enemigos y traidores. Vlad era ortodoxo, aunque con posterioridad se convirtió al catolicismo.

Vlad Țepeș y los enviados turcos, de Theodor Aman (1831-1891).

Fue rehén de los invasores otomanos hasta los diecisiete años de edad, cuando logró tomar el trono de Valaquia, del cual fue depuesto poco tiempo después. Sin embargo, en 1456, tras la Batalla de Belgrado, Vlad ascendió de nuevo al trono, tras matar a su contrincante Vladislav II, y ya no lo abandonó hasta 1462. Después vivió en el exilio hasta 1474, momento en que se lanzó de nuevo a la batalla para recuperar el cargo, lo que conseguiría en 1476. Sin embargo, en diciembre de ese mismo año caería luchando contra los turcos, rodeado de su leal Guardia Moldava.

El escritor irlandés Bram Stoker se inspiró en él para crear su grandísimo personaje del vampiro Conde Drácula, que daría origen a gran cantidad de películas. En la actualidad Vlad Țepeș es considerado un héroe nacional en Rumanía.

Fotograma de la película “Drácula, de Bram Sotiker”, de Francis Ford Coppola.

Sobre su aspecto físico, un delegado papal en la corte húngara lo describió así:

“No era muy alto, pero sí corpulento y musculoso. Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto. Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos grises y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. Llevaba bigote, y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre unas anchas espaldas una ensortijada melena negra”

En cuanto a su personalidad, se le considera un gobernante de carácter volcánico e impredecible, el más duro de todos los de Europa Oriental en el siglo XV.

Hipótesis sobre su tumba

Según la tradición popular rumana (que no fue registrada hasta finales del siglo XIX), fue enterrado en el monasterio de Snagov.​ Las excavaciones llevadas a cabo en el mismo por Dinu V. Rosetti en 1933 demostraron que no existía ninguna tumba en el lugar. Rosetti escribió: “Debajo de la lápida atribuída a Vlad no había ninguna tumba. Sólo unos cuantos huesos y una mandíbula de caballo”.

El historiador Constantin Rezachevici sostiene que el príncipe de Valaquia fue sepultado probablemente en la iglesia del monasterio de Comana que él mismo había hecho edificar.

Supuesta tumba en Nápoles

En 2014 la prensa se hizo eco del supuesto descubrimiento de su tumba en Nápoles. Según declaró un grupo de estudiosos italianos, apoyados por Erika Stella,​ estudiante del doctorado de la Universidad de Tallin, la tumba denominada de Mateo Ferrilo en la iglesia de Santa María la Nueva de Nápoles podría contener los restos mortales de Vlad III. Esta hipótesis se basa solamente en la decoración de la sección central de la misma; en especial en la figura de un dragón y algunos símbolos de origen egipcio como dos esfinges contrapuestas, consideradas como emblema de la ciudad de Tebas, la cual aludiría al sobrenombre Tepes.

Vista de la supuesta tumba en Santa María Nova de Nápoles.

Estos estudiosos, en consecuencia, suponen que el príncipe no murió en batalla, sino que fue hecho prisionero por los turcos y rescatado luego por su hija, María Balsa, esposa de Mateo Ferrilo, en cuya tumba lo hizo sepultar. Sin embargo, no existen datos sobre una hija de Vlad Tepes y este apelativo no se relaciona con la ciudad de Tebas, sino con la palabra turca que significa empalador. Por otra parte, el dragón era el emblema heráldico de la familia Ferrilo.

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