El Tratado de Madrid denominado por muchos historiógrafos como Tratado de Permuta (Tratado de intercambio), fue un documento firmado por Fernando VI de España y Juan V de Portugal el 13 de enero de 1750 para definir los límites entre sus respectivas colonias en América del Sur.

Este tratado, basado en el principio de derecho romano Uti possidetis, ita possideatis (quien posee de hecho, debe poseer de derecho), amplió los dominios de Portugal dejando los límites del Brasil prácticamente en su estado actual.

Mapa de la América Meridional que contiene la línea divisoria entre los dominios de España y Portugal.

Y es que la división de las colonias en América del Sur que pertenecían a España y a Portugal dio lugar a discordias que acabaron en altercados y enfrentamientos durante gran parte de la época colonial. El Tratado de Tordesillas, que oficialmente fijaba las fronteras entre los dos reinos, nunca fue respetado del todo, y fue sustituido por este tratado que nos ocupa.

Como consecuencia de la demarcación de los nuevos límites, la región de las Misiones Orientales, que comprendía los siete pueblos de las reducciones jesuíticas que quedaban en la margen izquierda del río Uruguay, había de pasar a manos portuguesas.

Esta resolución, sin embargo, tenía mayor calado del que podía parecer, en tanto que en los territorios de Portugal se permitía la esclavización de los indígenas (en aquella zona eran guaraníes) mientras que en los territorios españoles todos los indígenas eran automáticamente súbditos de Su Majestad, y por tanto gozaban de su protección, por lo que no podían ser esclavizados.

Retrato de Fernando VI por Louis-Michel van Loo. Museo del Prado.

Esta diferencia en el estatus legal de la población indígena, inflamada de forma velada por los propios jesuitas, provocó la resistencia a entregarse a los portugueses, resistencia que acabó estallando en la Guerra Guaranítica que se extendió de 1752 a 1756, y en la que tuvo gran relevancia el cacique guaraní José (Sepé) Tiarajú, que capitaneaba a los guaraníes, pero que falleció poco antes de la Batalla de Caibaté, la última de dicha guerra, en la que murieron 1.700 indígenas y que enfrentó a los guaraníes contra los ejércitos de España y Portugal que defendían la imposición de las nuevas fronteras.

Finalmente las siete misiones no pasaron a manos portuguesas, pero esta resistencia de los jesuitas y de los indígenas tutelados por ellos provocó a la larga la reclamación española. Durante la Guerra de los Siete Años se firmó el Tratado de El Pardo de 1761 que anuló el Tratado de Madrid, por el que España no debía entregar las Misiones Orientales, al tiempo que Portugal retenía la Colonia de Sacramento.

Del mismo modo, la capacidad de liderazgo mostrada por la Compañía de Jesús, y su capacidad para movilizar una fuerza de miles de personas, que quedó patente en la Guerra Guaranítica, hizo temer a la corona española por la estabilidad en la zona y fue el germen de la motivación para la Pragmática Sanción de 1767, por la cual Carlos III decretaba la expulsión de los jesuitas de todos los territorios de ultramar.

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