En España, el descontento del ejército por el desastre de Annual en Marruecos, el auge de los nacionalismos periféricos y la situación general del momento hacen que Miguel Primo de Rivera, Capitán General de Cataluña, se subleve y dé un golpe de Estado que encuentra inmediatamente la comprensión y el apoyo del rey Alfonso XIII.

Los sublevados declaran el estado de guerra, la suspensión de las garantías constitucionales y la disolución de las Cortes.

El régimen de la Constitución de 1876 es sustituido, en medio de la indiferencia popular y sin apenas resistencia, por una dictadura militar. 

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