Es recuperada la Mona Lisa, de Leonardo da Vinci, tras su robo dos años atrás. Acaba así una de las sustracciones de arte más famosas de toda la historia.

Una representación del robo muestra a Peruggia metiéndose el lienzo bajo el abrigo.

El hombre que la robó, Vincenzo Peruggia, no es el tipo de criminal ingenioso que aparece en tantas películas de Hollywood. Logró entrar al Louvre y salir con la pintura de Leonardo con el mínimo de preparación.

Pero su robo causó sensación y durante la ausencia de la obra, se batió el récord de visitantes al museo. Acudían a apreciar el hueco dejado en la pared por el cuadro que había sido hurtado.

Hueco que quedó tras el robo del lienzo.

Ocurrió un lunes, el 21 de agosto de 1911, un día en el que el museo estaba cerrado. No fue sino hasta el martes que notaron el hurto. La policía empezó la investigación y el centro permaneció cerrado durante una semana en medio del escándalo.

El inmigrante italiano había trabajado en el Louvre en 1910 y había instalado la puerta de vidrio que protegía la obra maestra. Tenía el uniforme blanco que los empleados del museo vestían y sabía cómo estaba fijada la pintura en el marco.

La Gioconda, 1503-1519.

Peruggia intentó vender La Gioconda al director de la Galería de los Uffizi, Alfredo Geri, quien se hizo acompañar de la policía. El ladrón alegó que su intención era devolver la obra a su verdadera patria. Los tribunales de justicia lo condenaron a un año y quince días de prisión, que luego redujeron a siete meses y nueve días.

Antes de regresar al museo, la pintura se exhibió en Florencia, Roma y Milán.

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