En España, y tras permanecer encarcelado sin juicio desde el 27 de marzo de 1572 por haber traducido la Biblia a la lengua vulgar sin licencia, en el día de hoy Fray Luis de León, poeta, humanista y religioso agustino, es absuelto por el Tribunal de la Inquisición.

Al impartir su primera clase en su cátedra de Salamanca tras 5 años de ausencia, comienza con la frase: “Dicebamus hesterna die…” (“Como decíamos ayer…”). Es decir, como si sus años de prisión no hubieran transcurrido.

Fray Luis de León, descrito y dibujado hacia 1599 por Francisco Pacheco (1564-1644) en su Libro de descripción de verdaderos retratos, ilustres y memorables varones.

Fray Luis de León es uno de los poetas más importantes de la segunda fase del Renacimiento español junto con Francisco de Aldana, Alonso de Ercilla, Fernando de Herrera y San Juan de la Cruz.

Su obra forma parte de la literatura ascética de la segunda mitad del siglo XVI y está inspirada por el deseo del alma de alejarse de todo lo terrenal para poder alcanzar lo prometido por Dios, identificado con la paz y el conocimiento. Los temas morales y ascéticos dominan toda su obra.

Los motivos de su encarcelamiento hay que achacarlos a las envidias y rencillas entre órdenes y a las denuncias del catedrático de griego, León de Castro. La acusación principal era preferir el texto hebreo del Antiguo Testamento a la versión latina (la traducción Vulgata de San Jerónimo) adoptada por el Concilio de Trento, lo cual era cierto, pero también haber traducido partes de la Biblia, en concreto el Cantar de los Cantares, a la lengua vulgar, cosa expresamente prohibida también por ese reciente concilio y que sólo se permitía en forma de paráfrasis.

Aula de Fray Luis de León en las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca.

Aunque Fray Luis era inocente de tales acusaciones, su prolija defensa alargó el proceso, que se demoró cuatro largos años. Parece cierto que se le puede atribuir la décima que presuntamente, al salir de la cárcel, escribió en sus paredes:

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
¡Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y, con pobre mesa y casa,
en el campo deleitoso,
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa,
ni envidiado, ni envidioso!

Compartir