Las tropas austracistas (formadas por refugiados castellanos, navarros, aragoneses y valencianos principalmente, de ese bando; y en mayor parte por catalanas) fueron derrotadas por el ejército del rey Felipe V, en la Guerra de Sucesión española.

Parte de los catalanes lucharon en esta guerra porque preferían a otro pretendiente a la corona: el archiduque Carlos de Austria. Deseaban que España fuera gobernada por un rey de la casa de Austria, que en teoría, era menos centralista. Pero al final se impuso un rey de la casa de los Borbones.

A partir de entonces, tras su derrota, desaparecieron muchas instituciones tradicionales catalanas como el Consejo del Ciento (una asamblea de Barcelona). Por eso, los independentistas catalanes han usado esta fecha, la Diada, para demostrar que aquel día perdieron su identidad.

Pero la verdad es que no fueron solo ellos. A partir de 1714, el rey borbón copió el modelo centralista francés. Eran los decretos de Nueva Planta que supusieron acabar con las viejas instituciones de Aragón, Castilla, Cataluña, Valencia, Mallorca y hasta las Indias. Solo permanecieron vivas las de Navarra y País Vasco. Y se respetó el derecho civil catalán.

El castellano pasó a ser la lengua oficial de las audiencias. Se unificaron fueros y tributos, se eliminaron las fronteras y aduanas internas, nació el ejército moderno y el funcionario de carrera, etcétera. Era la modernización y la unificación del país a través de una administración gobernada desde un centro de poder, más o menos lo que pretende ser ahora la Unión Europea en Bruselas.

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